Abraham Reyes

Ternura

Manifiesto, decálogo y poética.

Una adivinación de una catástrofe
un oleaje de olvido después de la ternura
una especie de culpa sin castigo
de furia en paz con su gran Guerra.

Juan Gelman

Manifiesto Ternura

Cada día que pasa siento que algo de mí se transforma, muere, y culpo a la rutina por el desgaste de mí. Pienso que todos llevamos un parásito debajo de la piel, como en la Matrix, algo que se aloja en un espacio vacío entre el estómago y el corazón y que poco a poco nos devora, hasta hacer de nuestro rostro el suyo, hasta que abandonamos lo que fuimos, somos, seremos.

Algo de nosotros tiene que morir para poder acercarnos al otro. ¿Has visto la forma en que los insectos rompen su cascarón para salir desnudos, de nuevo, a un mundo que ya conocían, pero siendo otros, habiendo abandonado su viejo cuerpo? La única constante de la vida es el despojo, el abandono; tal vez tenemos que romperlo todo para encontrar algo.

Sin embargo, creo que hay otro camino: el amor. «En el amor no existe lo verdadero sin lo irreparable», escribió Félix Grande, y en sus palabras encontré una respuesta que me gusta: quien ama se apodera de lo irreparable, hace verdadero lo que está roto, transmuta, acaso sin quererlo, las ruinas en canciones.

«Cada hombre mata lo que ama», escribió Wilde. Para mí el amor es una forma de la muerte, sí, pero no del otro, sino de uno mismo —que acaso también es otro—: el que apuesta por el amor como forma de enfrentarse al mundo elige suicidarse, despojarse de quien es para aprehender al mundo y volverlo parte de su propia alma.

Aunque el diccionario define la ternura como «sentimiento ante las personas, cosas o situaciones que se consideran merecedoras de un amor o un cariño puro y gratuito, por su dulzura, debilidad o delicadeza», considero la ternura como un sentimiento más profundo, como una apuesta por reconciliar las cosas del mundo en su punto medio.

La ternura es, para mí, el amor por el amor.

Decálogo de la ternura

  1. La ternura está detrás de todo y solo a través de ella podemos ver el final de todas las cosas.

  2. El mundo que vemos no existe de la forma en que creemos: es una manifestación de la ternura de algo, de alguien.

  3. Haz todo con ternura, no importa lo demás. Solo los actos hechos desde la ternura pueden construir algo en estas ruinas.

  4. No grites, llora; no mates, muere; no pienses, crea. Abandona siempre el primer impulso y deja que la ternura se apodere de ti, mírate con sus ojos, sálvate de ti mismo.

  5. Deja de correr, acaricia el suelo con tus plantas desnudas; no avances más, lo que buscas está aquí. Permite que tu cuerpo contemple la ternura de las cosas que hay a tu alrededor.

  6. El mundo que conoces ya terminó; el apocalipsis pasó frente a tus ojos sin que te dieras cuenta. Acepta con ternura el final de tu tiempo, abraza con ternura las ruinas de todo lo que conociste. Todo ha terminado, es inevitable: eres el final de cada final posible.

  7. Arroja tu cuerpo al abismo y espera la caída con ternura, disfruta el paso del aire por tu piel, mira cómo todo lo que conociste va quedando atrás y la oscuridad va inundando tus pupilas. Debes caer.

  8. Mira siempre a los ojos de los demás, construye puentes, ama, abraza todo lo que puedas; luego deja ir, despídete siempre con ternura de cada ser.

  9. Habla, habla, habla. Deja que tu lengua dibuje en el aire las formas de los cuerpos que te rompen, no guardes nada entre los dientes, líbrate tiernamente de todo lenguaje que creas que te pertenece y deja que las palabras, que algún día fueron tuyas, toquen a los otros.

  10. No hay nada que salvar, no hay nada de qué preocuparse. Adopta al mundo como parte de ti, perdona, ama: eres la ternura que puedes dar a los otros.

Poética

Diez reglas para mirar, escritas desde el mismo lugar que el manifiesto. Las sigo con la cámara y con el lápiz.

  1. Mira dos veces. La primera ves lo que esperabas; la segunda, lo que de verdad estaba ahí.

  2. Dispara poco y despacio. Cada foto es una despedida, y las despedidas no se hacen en ráfaga.

  3. Acércate hasta que te vean. Una imagen robada nunca es tierna.

  4. Busca a quien nadie fotografía: el oficio que se acaba, la calle después de la fiesta, el santo sin flores.

  5. Deja que la luz decida. Tu trabajo es estar ahí cuando llegue.

  6. Escribe con los ojos cerrados y fotografía con los ojos abiertos: es el mismo gesto.

  7. No corrijas la herida. Lo roto también cabe en el encuadre.

  8. Aprende de la película: no todo tiene que verse en seguida.

  9. Devuelve la imagen. Lo que tomaste de alguien regrésalo convertido en memoria.

  10. Mira cada cosa como si fuera la última vez. Casi siempre lo es.